Por Carmen Cristina Wolf
Caracas, agosto 2010
El poema es un universo que comienza y termina en sí mismo. Un avezado lector está atento a cada una de las palabras, a su lugar en la frase y a los silencios del poema, formados por los blancos entre un verso y otro. Jean Cohen, en El lenguaje de la poesía, escribe: “El poeta tiene como único fin construir un mundo desespacializado y desestemporalizado, en el que todo se da como una totalidad consumada: la cosa, sin exterior (…) sin antes ni después”.
Aproximación al Poema
Todo cuanto pensamos y sentimos, lo imaginario y lo real, puede ser transformado en poema. Una vez escrito, el poema es propiedad de quien lo haga suyo, no de quien lo escribió. Berkeley decía que el sabor de la manzana no está en la manzana, sino en el encuentro de la manzana con el paladar, así el ser del poema se sustenta en el encuentro entre el poema y quien lo lee o lo escucha. El poema existe a medias cuando no es leído. Y cuando el poeta dice que a él no le importa si lo leen o no, me permito dudar de su sinceridad, porque no hay nada más gratificante que encontrar a alguien conmovido con un verso escrito por nosotros.
Sin pretender imposibles definiciones, recuerdo a Octavio Paz cuando dice que el poema es una obra única, irrepetible, insustituible, es una unidad autosuficiente, sin valor de cambio ni utilidad tangible. No es fácil poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan. Él libera las palabras de los lugares comunes, las desgrana como las cuentas de un collar y vuelve a reunirlas en su condición de amigas, gracias a las frases: sonido-silencio, sonido-silencio y así. La catedrática española Rosa Navarro Durán, nos recuerda que el poema está hecho en parte de “no palabra –el blanco y su papel en la configuración del poema.” Un poema es un mundo aparentemente cercado por el blanco de la página, pero esa valla se abre a la infinitud de interpretaciones y emociones que éste crea. Una atmósfera que puede suscitar ideas, sensaciones, sentimientos o evocaciones. Sentiremos asombro, admiración, ternura, rabia, espanto, alegría, dolor, nostalgia, desolación. Pero cuando somos “tocados” por un poema, jamás nos dejará indiferentes.
Lenguaje poético
El español Jorge Guillén, refiriéndose a las palabras “poéticas”, escribe lo siguiente: “La poesía no requiere ningún especial lenguaje poético. Ninguna palabra está de antemano excluida (…) la palabra rosa, no es más poética que la palabra política.” El vocablo “tiempo”, no es más poético que usar la palabra “anticipado”. Todo depende de la intencionalidad y del contexto. Leamos estos versos del poeta venezolano Dionisio Aymará (1928-1999): “Déjame con estos ojos que me saben / a tierra anticipada /con esta sien vecina de otro mundo / con estos pies errantes / y este cuerpo habituado / al castigo de mi alma / ahora déjame / estación de la lluvia / nocturna amiga que me hieres / con tu lenguaje demasiado próximo a la ceniza / quiero estar con el pecho desnudo / con la cabeza terriblemente lúcida / debajo de tus sábanas transparentes” (Antología Poética del Círculo de Escritores de Venezuela 2005).
Las palabras que duermen en el diccionario, cobran vida y transforman su sentido cuando son empleadas y relacionadas con maestría. Nos situarán en una instancia que puede ser confesional, íntimista, onírica, mística o filosófica, situándonos en una habitación, una playa solitaria, en el bullicio de la ciudad, en una casa fantasmagórica o llena de vida. Y, en definitiva, la sensibilidad del lector acostumbrado a leer poesía, lo llevará a descifrar, más allá de los escenarios y de las cosas, aquello que el escritor albergaba dentro de sí al momento de escribir el poema. Al leer, surge una comunicación del lector, en primer lugar, con el texto. Si el poema atrapa su atención, en las lecturas posteriores se entabla una complicidad con el poeta. Y hacemos nuestras ciertas visiones y maneras de nombrar las cosas.
El poema es una confesión de fe en el lenguaje. El escritor puede o no creer en Dios, puede amar la vida o aborrecerla, creer que el ser humano es bueno, o malo, o ambas cosas, no creer absolutamente en nada. Aun así, el poema es una confesión de fe.
Leamos este poema del peruano-español Alfredo Pérez Alencart, que merece varias lecturas, aun para el no creyente, por la carga ética y mística que no obedece a una intención premeditada, sino que surge de un sentimiento apasionado y profundo:
“Señoréate en mí, Hijo cuyas señales me cristianizan;
y condéname a cadena perpetua si veo y enmudezco,
si oigo fogosas soberbias y el interés me compra,
me vende, me prostituye sin desmayo, cautivo del lujo
procesionante, embotado hasta hacerme el dormido
que religiosamente cumplió con su cuota de aleluyas. (…)”
(Cristo del alma, Editorial Verbum 2009)
El auténtico poema no es una cuestión de inspiración. Una persona puede estallar de emoción, con cien ideas en la cabeza, y no lograr escribir un poema que trascienda el paso del tiempo. Se aprende a escribir, y es el fruto de una larga paciencia y de un intenso trabajo. Dice García Lorca: “Si es que soy poeta por la gracia de Dios, o del demonio, también lo es que lo soy gracias a la técnica y al esfuerzo, y a saber de una manera absoluta, lo que es un poema.” Mi abuela hacía dulce de lechosa en diciembre. Al comenzar, sólo se veían trozos de fruta por aquí, mondaduras por allá, papelón rallado más acá, todo desunido y sin gracia. Ella sabía bien la receta. A las pocas horas, aparecían los cuencos rebosantes de un manjar casi transparente y ambarino, una maravilla de sabor. Así son los poetas que nos marcan para siempre. Unas cuantas palabras normales y corrientes, ¡y se hace el milagro!
Leer poesía
Leer poesía es como probar vinos de tierras y años distintos. Un cabernet sauvignon, el carménère, el merlot, el chardonnay, etc., serán igualmente apreciados si son buenos caldos. Leer a los poetas del Siglo de Oro, a los románticos o a los contemporáneos ofrece un deleite especial. Igual sentiremos fascinación al leer los poemas de Propercio y de Quevedo, Baudelaire, Rimbaud o Rilke, los versos de Vallejo o de Huidobro, Cadenas, Montejo, Jorge Luis Borges o Pessoa. Por eso, es de apreciar a los Editores de libros y revistas, que dedican tiempo y esfuerzo a publicar poesía, como es el caso del Papel Literario de El Nacional, PublicArte, El Librero, El Salmón, Poda y otras que ahora se me escapan.
Hasta aquí llega este breve acercamiento al tema, con unos versos de Rainer María Rilke que dedico a los escritores que habitan cercanos a mi espíritu:
“No te empeñes en comprender la vida
y será para ti como una fiesta.
Acepta, pues, los días
como del viento, el niño en su camino,
recibe flores.
Si se empeñara en recogerlas. Esta
lluvia a su espíritu no llegaría.
Dulcemente las sueltas de su pelo
donde eran tiernamente prisioneras
y a través de sus años juveniles
tiende sus manos hacia nuevas flores “
(Traducción de Enrique Sordo, Bolsilibros Eduven)
Twitter: @literaturayvida
miércoles, 1 de septiembre de 2010
sábado, 31 de julio de 2010
Poema urbano de Frank Zicarelli
Vagón azul
de la tercera edad o
juventud prolongada
Soy prisionero
de este aullido sobre ruedas
X añadidura
una mano entrenada
me voló la billetera
destartalada
sin cabellos
sin banca que la respalde
Cambió de bolsillo
la moneda acuñada de bayonetas
fundidas
la cambió el sapo largo al obeso
con sus ojos brotados de pararrayo
aguantador
Este aullido
a tres pasos libres de alcantarila
no se diluye
en la tira de asfalto
Rueda el sapo largo
saca la lengua
X la escalera eléctrica
José La Rosa
Julio 2010
Frank Zicccarelli, poeta y escultor venezolano, autor de los libros Raíces cruzadas, Alfa, Garabatos y SKIRLAS. Escribe con cuatro heterónimos. Coordinador de Proyectos Especiales del Círculo de Escritores de Venezuela
de la tercera edad o
juventud prolongada
Soy prisionero
de este aullido sobre ruedas
X añadidura
una mano entrenada
me voló la billetera
destartalada
sin cabellos
sin banca que la respalde
Cambió de bolsillo
la moneda acuñada de bayonetas
fundidas
la cambió el sapo largo al obeso
con sus ojos brotados de pararrayo
aguantador
Este aullido
a tres pasos libres de alcantarila
no se diluye
en la tira de asfalto
Rueda el sapo largo
saca la lengua
X la escalera eléctrica
José La Rosa
Julio 2010
Frank Zicccarelli, poeta y escultor venezolano, autor de los libros Raíces cruzadas, Alfa, Garabatos y SKIRLAS. Escribe con cuatro heterónimos. Coordinador de Proyectos Especiales del Círculo de Escritores de Venezuela
viernes, 30 de julio de 2010
Benito Raúl Losada: Poemas inéditos
Benito Raúl Losada, poeta venezolano de la generación del 40. Miembro del Consejo Consultivo del Círculo de Escritores de Venezuela.
Con quince libros publicados, algunos de sus poemarios más conocidos son: Campanada hacia el Alba, Nacerán los Caminos, Más allá del Relámpago, Testimonios y Apolo XI, Lebab o los despojos, Por la redoma azul, El Rostro Sumergido, La Magia Desnuda, A Fondo Perdido, Dentro y Fuera del Hombre, Los Espejos Baldíos, Momentos y vestigios y Andén del Crepúsculo. Su obra ha sido estudiada por autores como Oscar Sambrano Urdaneta, Gerardo Diego, Lucila Velásquez, Lubio Cardozo, Arturo Croce, José Ramón Medina y Pedro Díaz Seijas. Es Premio Municipal de Poesía y su escritura aparece reseñada en importantes Antologías de habla hispana.
A TIEMPO
Por Benito Raúl Losada
1
El cambio es ley se dijo.
¿Dónde nos encontramos
cuando presiona la inconciencia?
Renovarse es triunfar,
La voluntad no es músculo dormido.
Despertar. El eclipse
es apenas la sombra transitoria
del resplandor del tiempo.
2
Deseamos que los vientos
de pantanosas ondas
interrumpan su ciclo.
La náusea copa espacios,
la brújula se pierde,
la indiferencia resquebraja,
el humo confunde los espejos.
3
¿Aspirar lo total?
¿Creer poder alcanzarlo
y controlarlo luego?
¿Qué freno detiene el vértigo
y quita a tiempo el arma
de la mano?
4
Sentir o presentir una corriente clara
es siempre buena nueva.
Habrá que aguzar el oído,
olfatear el rumbo del viento,
poner en el suelo el pie desnudo,
mirar serenamente
y abrir el pecho
al clamor humano que la engendra.
5
La exclusiva idea,
la dominante idea
al cerrar las ventanas y las puertas
exilia los colores,
la armonía de los astros,
la solidaria plenitud
de libertad y vida.
6
¿Cómo vibra tu campo de energía?
Si positivo
se necesita tu presencia.
Cuando pasan los aires terrosos
hay una lenta asfixia,
un pronóstico oscuro
extraña levadura retadora.
Acércate,
acrece la energía.
Caracas 2010
Poemas inéditos
Con quince libros publicados, algunos de sus poemarios más conocidos son: Campanada hacia el Alba, Nacerán los Caminos, Más allá del Relámpago, Testimonios y Apolo XI, Lebab o los despojos, Por la redoma azul, El Rostro Sumergido, La Magia Desnuda, A Fondo Perdido, Dentro y Fuera del Hombre, Los Espejos Baldíos, Momentos y vestigios y Andén del Crepúsculo. Su obra ha sido estudiada por autores como Oscar Sambrano Urdaneta, Gerardo Diego, Lucila Velásquez, Lubio Cardozo, Arturo Croce, José Ramón Medina y Pedro Díaz Seijas. Es Premio Municipal de Poesía y su escritura aparece reseñada en importantes Antologías de habla hispana.
A TIEMPO
Por Benito Raúl Losada
1
El cambio es ley se dijo.
¿Dónde nos encontramos
cuando presiona la inconciencia?
Renovarse es triunfar,
La voluntad no es músculo dormido.
Despertar. El eclipse
es apenas la sombra transitoria
del resplandor del tiempo.
2
Deseamos que los vientos
de pantanosas ondas
interrumpan su ciclo.
La náusea copa espacios,
la brújula se pierde,
la indiferencia resquebraja,
el humo confunde los espejos.
3
¿Aspirar lo total?
¿Creer poder alcanzarlo
y controlarlo luego?
¿Qué freno detiene el vértigo
y quita a tiempo el arma
de la mano?
4
Sentir o presentir una corriente clara
es siempre buena nueva.
Habrá que aguzar el oído,
olfatear el rumbo del viento,
poner en el suelo el pie desnudo,
mirar serenamente
y abrir el pecho
al clamor humano que la engendra.
5
La exclusiva idea,
la dominante idea
al cerrar las ventanas y las puertas
exilia los colores,
la armonía de los astros,
la solidaria plenitud
de libertad y vida.
6
¿Cómo vibra tu campo de energía?
Si positivo
se necesita tu presencia.
Cuando pasan los aires terrosos
hay una lenta asfixia,
un pronóstico oscuro
extraña levadura retadora.
Acércate,
acrece la energía.
Caracas 2010
Poemas inéditos
lunes, 5 de julio de 2010

La última muerte de Simóneltriste
por Carmen Cristina WolfSeptiembre 2006
¡Paz, paz! No está muerto ni duerme.
Ya despertó del sueño de la vida.
Somos nosotros los que perdidos en visiones
turbulentas reñimos con fantasmas
una inútil batalla y en trance de locura
apuñalamos con la daga del espíritu
invulnerables nadas.
P. B. Shelley, Adonais,
fragmento del poema XXXIX
Desgarradora La última muerte de Simón el triste, novela de Eduardo Casanova publicada en Caracas por la editorial Actum 2005. Venezuela es un país donde desde hace décadas apenas existe crítica literaria, y duele la ausencia de un análisis profundo de esta novela, que en otros países sería objeto de amplios estudios, tanto por la singular interpretación histórica de su autor como por la atrayente escritura y la compleja yuxtaposición de los tiempos que sorprende al lector.
Casanova es un novelista venezolano con oficio de larga data. Entre sus obras más conocidas se encuentran Los Caballos de la cólera, La agonía del Macho Luna, Hacia la noche, Las alegres campanas de la muerte, la tetralogía Cuarteto en Sol, y El solo de saxofón. Recientemente publicó un ensayo dedicado a la vida y obra del Libertador. Por su obra narrativa le fue otorgado el Premio Guillermo Meneses en el año 2000.
Esta novela nos enfrenta a los últimos instantes en la vida del Libertador Simón Bolívar. Narra también pasajes de su niñez y adolescencia, el inmenso amor que profesó a su esposa María Teresa, su aprendizaje con el maestro Don Simón Rodríguez, viajes, amores y amoríos, batallas, derrotas, duelos, culpas, fantasmas de la memoria. Todo ello escrito con descarnada crudeza y vehemencia, no a la manera de los historiadores o de los fanáticos, sino a modo de puñal que desgarra las apariencias peripuestas del discurso oficial.
Conmueve el trasluz poético de algunos de sus párrafos, como el que sigue:
... noche noche llena de metáforas incestuosas y de falsas armonías que se convierten en trébol cuando florece la lluvia noche noche vacía de palabras blandas y perdones pronunciados como cualquier otro rito (...). Así es la palabra de Casanova en esta novela, vacía de blanduras y de monsergas salvadoras.
En su agonía, Bolívar siente la presencia de un hombre ¿idéntico a él, frágil? Y sin embargo inspira miedo. Como en un mal sueño, trata de hablar con él y no puede, permanece inmóvil y siente como si el aire fuera "agua salada de mortaja": (...) Simón, yo soy tu muerte, he estado contigo desde el mismo día en que naciste (...) estuve contigo cuando tus primeras muertes.
El diálogo con su yo revela la densidad del pensamiento filosófico de Eduardo Casanova, sus reflexiones sobre el ser y el existir, la nada reflexiva y el Todo, inabarcable y siempre enigmático. Simón el triste hace un recuento del fracaso de sus sueños: ¡cómo saldré de este opaco laberinto! Siento que me envuelven espirales de colores dibujados por las manos de la muerte mientras cantan una fúnebre tonada las almas de los que creyeron en mis ojos y me ha abandonado mi cuerpo me ha abandonado fracasé me equivoqué desde el primer momento mi vida ha sido un fracaso total (...). Esta confesión desgarradora traspasa las épocas y cae en saco roto su reclamo a las recientes generaciones de gobernantes, líderes y grupos de poder:
... se aprovecharán de mi nombre para saciar sus pequeñas ambiciones y seguir engañando a los miserables mi nombre mi gloria malditos sean mi nombre y mi gloria que sólo han servido para que otros medren (...)
Casanova narra fragmentos de los primeros años de Bolívar, parece como si fueran recuerdos del enfermo en duermevela mezclados con lo que pudo haber sido la realidad: Todo el mundo había sentido la presencia de la muerte, de la negra nube que se acercaba y se alejaba de los ojos tristes del general, Simón el triste, convertido en su propia sombra llena de arrugas y de lágrimas contenidas. El 24 de julio cumplió 47 años de vida, y nadie se acordó de la fecha. (...) La última compañera pisotea toda vanidad, todo combate ganado o perdido. La vida, hecha de fugacidades en perpetuo instante de la extrañeza, no lleva camino cierto. Camino somos cada uno de nosotros, que nos vamos haciendo en la medida de nuestros tropiezos, aciertos y caídas.
La novela de Eduardo Casanova atrae como fuente insondable y conmueve mi ser. No se puede permanecer indiferente a la narración, no se puede dejar de reflexionar acerca de nuestras acciones, omisiones, bondades y egoísmos. Y se siente la exquisita angustia ante la muerte:
Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida
cómo se viene la muerte
tan callando. (...)
Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre
Así, Bolívar solo y postrado entre sus dolores y fantasmas, ¡cuánto añoraría la despedida de este mundo a pesar del temor a lo abismal. A cada ser humano que agoniza cuánto nos gustaría decirle los versos del Adonais de Shelley: ¡Paz, paz! No está muerto ni duerme. / Ya despertó del sueño de la vida. Quisiéramos desesperadamente no pensar en las palabras que pronuncia Hamlet en la escena IV:
... Quién podrá tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida incómoda, si no fuese por el temor de que exista alguna cosa más allá de la muerte, aquél país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna (...)
Somos la nada que interroga y luchamos cada día, cada hora, cada segundo por olvidarlo. Somos presencia en un viaje hecho de fugacidades viviendo en perpetuo instante de extrañeza. Somos nada preñada de ser. Así me gusta creerlo. Así lo creo.
Ahora deseo liberar al espíritu de su prisión de sueños con este pasaje de la novela de Eduardo Casanova:
... Dios se hizo hombre, se encarnó en Cristo y es todos nosotros. Todos nosotros somos Dios. Todos somos Dios. La paz invadió las facciones del moribundo. (...)
Si ya no se encuentra respuesta ante la pregunta de la muerte, sólo queda decir ¡Oh feliz muerte!
Gracias a Eduardo Casanova por esta novela admirable
miércoles, 30 de junio de 2010
Frank Ziccarelli y su poemario Garabatos
Por Edgar Vidaurre
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “Garabato” como: Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. También lo define como aquellos Garfios de hierro que sujetos al extremo de una cuerda sirven para sacar objetos caídos en un pozo, o como el Instrumento de hierro cuya punta forma un semicírculo y que sirve para tener colgado algo, o para asirlo o agarrarlo. Igualmente conocemos la advocación de garabato como la representación arbórea de lo duradero y permanente pero al mismo tiempo suave y fresco en la figura del Abedul y por último, y la más hermosa, aquella que lo equipara con la gracia y el garbo de una mujer, aunque no sea bella…
Leyendo despojadamente el poemario de mi amigo Frank Ziccarelli, me atrevo a decir que, en el mismo, el poeta aborda las cuatro acepciones de garabato antes mencionadas (y seguramente muchas otras), toda vez que, aún refiriéndose de manera general e inicial en el título del libro a aquello que trazamos de forma irregular y sin sentido premeditado (bien sea con el lápiz o incluso con el cuerpo), en la lectura de los poemas percibimos fuertemente, cómo este hombre con gran destreza y oficio (tal vez por su trato íntimo con el hierro y el metal) es capaz de hundir con los ojos cerrados pero con mano firme y viril, los garabatos de hierro y aperos de pesca en el pozo de las imágenes de su inconsciente para asirlas, agarrarlas, traerlas a la superficie y así colgarlas en nuestra mirada, a veces con la apostura de un abedul pescador de vientos, o de manera conmovedora…como siguiéndole el paso a una bella mujer.
Tal vez el que escucha el inicio de esta presentación pensará que estoy catalogando al poeta como un poeta surrealista. Incluso, a lo mejor, corro el riesgo de que Frank se ponga bravo conmigo, pues hoy en día algunos poetas se molestan cuando se sugiere alguna relación de su trabajo literario con el surrealismo (por supuesto con ese surrealismo de simple postura o cliché gastado, teórico, ya académico)
Sin embargo, como decía Odiseo Elytis, todo buen poeta en principio es surrealista, y citamos textualmente, “con el surrealismo construimos algo distinto, que dista mucho de su teoría inicial, algo único y que presenta por lo mismo un interés especial. Desafortunadamente, no fue enfrentado nunca de esta manera por los críticos, ni comprendido por los más jóvenes, que se expresan con ironía del surrealismo, porque no conocen de él sino y solamente lo que enseñan las enciclopedias, es decir, la escritura automática, la imagen extravagante y su recurso al onirismo…”
Ese plus, ese construir afanosa y pacientemente pero con pureza y vigilia es, a mi sentir, exactamente lo que hace este poeta pescador. No se trata entonces de un simple ejercicio de asociación automática de imágenes inconscientes, sino de un arduo así como esplendoroso trabajo en los amplios espacios que supone un altamar cósmico, para velar y buscar las imágenes más autenticas. Luego, con las virtudes del hierro y la destreza de la mano sabia y curtida por el tiempo (también cósmico), pescarlas de manera indemne, sin matarlas o destruirlas, dejándolas con todo su brillo, con toda su frescura siempre viva, o mejor aún para dotarlas esta vez de una nueva y vigorosa vida.
Obviamente este oficio de velar (y de develar) en el medio de ese bosque oceánico (y como dijimos cósmico) para presenciar la aparición de las imágenes más llamativas y brillantes, entre las sombras esperanzadoras de las madrugadas, implica irremediablemente la presencia inminente de la luz, luz de lámpara encendida en medio de la noche-madrugada mientras aún se encuentran indiferenciados el cielo y la tierra, y en donde encontramos nuevamente los oficios del hierro, bien como instrumento escudriñador de la tierra a través de una escardilla, o bien como ese hierro que irradia la luz para escudriñar el cielo.
He aquí, en este poema de mi amigo Frank, cómo se despliega literalmente ante nuestros ojos esta nueva y dinámica realidad: “El pionero del garabato, no fue el que inventó la escardilla. En la negra noche, no vio la hendidura paralela, el que la lámpara encendió, en fuga. El que inventó la máquina iluminadora, despertó el surco insignia, develador de un diezmo, de la prístina flor del bosque. A los ojos del madrugador, abra tierra a los cielos despejados. Que la semilla desate su sombra”.
Aquí vemos pues, cómo con trazos espontáneos, sin premeditación alguna y con la frescura de un garabato magistralmente descrito y ejecutado, el poeta nos habla al mismo tiempo de los hierros de pesca, de aquella fortaleza que nos permite escudriñar y atrapar lo que vemos en el fondo pero, como dijimos, diestramente, con la finura innata que nos otorga la paciencia de los pescadores o del árbol… ese abedul arraigado en la tierra pero también nocturno pescador de vientos y de cielos.
Ya para seguir la secuencia de estos sentires, a la cuarta gracia que posee la palabra garabato, es decir la gracia de una mujer (las mujeres siempre son bellas), y que en este caso se convierte en la pescadora de nuestra mirada más interna y secreta, la encontramos cuando la palabra se posa en el ala izquierda de la rosa…cuando en silencio se desplaza por la Vía Láctea, “en la cresta del colibrí, y en íntimo rocío retorna al cuerpo curtido, al trazo…o también cuando él la evoca: ella así va, más allá con sus sueños, recogiendo las palabras, escritas con premura…tantas veces la he visto como la misma tierra incomprensible…los ojos de vida penetran el recuerdo de mi Columba cuando se fue, envuelta en su luz…y finamente cuando se entrega a ella en un beso, un orgasmo, un dejarse ir en la pausa, fundido, volver sin añadiduras al cuerpo flotando…”
Pero tal vez la más extraordinaria y casual de las fusiones de las distintas acepciones y significados de la palabra garabato que nos regala el poeta, está en el poema Urkía. Aquí vuelven a aparecer como peces insistentes en el fondo de la red, la mujer, el hierro (esta vez en forma de yunque), el árbol y por supuesto la luz. Urkía, quien era la mujer del cacique Guaicapuro, es invocada por el poeta: Eres zaeta que se hunde en el laberinto de la cascada violeta. Que deshaces la yunta del fuego traidor. Urkía. Madre. Sumo en la tierra de los huesos retoñados, que cruza la historia esparciendo cenizas al vuelo de la luz. Que amaina la tempestad iracunda…Aquí no debemos olvidar la advocación arbórea de las divinidades femeninas en las mitologías de nuestros indígenas, hecho que, de manera impresionante, se une con los mitos vascos que le dan también el nombre de Urkía al árbol Abedul, significando la esencia y la presencia determinante de las fuerzas femeninas en la naturaleza.
Por otra parte, no puedo dejar de lado, al comentar las imágenes del poeta, la presencia compartida de su perro. Al igual que él, yo también pienso que mi perro es la prolongación de mi mismo, de mis propios sueños y de los retornos de luz cada mañana. A mi perro tampoco las ranas le perturban el resplandor de su ladrido…
A todo ello, a lo que hemos dicho, hemos también de agregar la cadencia personal del poeta, su tono (como él mismo dice) lleno de Karibe, de noche de mar y de luz de madrugada, su mañana de tamarindo, colgado a la longevidad, a ese Corpus Áurico de Armando Reverón en donde la arena blanquísima dibuja sus ojos en la rada…y reflota, su fulgurante recorrido que se balancea entre el garabato y el boceto, el retrato, la mascarilla y la sombra.
Al final del poemario encontraremos para nuestra sorpresa otro poemario distinto pero igual, lleno de imágenes pero esta vez más sosegadas, más reposadas, especie de haikus karibeños. Aun así, volveremos a ver nuevamente y por última vez a King (el perro de Frank) haciendo a su vez unos garabatos y subiéndose triunfador a un autobús con las pestañas quemadas y los garabatos de Ziccarelli en la boca.
No es pues, para terminar, esta poesía una poesía que se pueda catalogar o poner en canon alguno establecido. En todo caso si pertenece a algún canon, será con certeza a ese canon secreto, oculto que sólo algunos poetas conocemos. Bien nos dijo el poeta en su poema titulado Dijo el poeta: “Un canon embotellado no es sólo un empaque inteligente, aprendizaje de vida en lo infinito. No señor, es fuego lamiendo fuego…”
Edgar Vidaurre
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “Garabato” como: Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. También lo define como aquellos Garfios de hierro que sujetos al extremo de una cuerda sirven para sacar objetos caídos en un pozo, o como el Instrumento de hierro cuya punta forma un semicírculo y que sirve para tener colgado algo, o para asirlo o agarrarlo. Igualmente conocemos la advocación de garabato como la representación arbórea de lo duradero y permanente pero al mismo tiempo suave y fresco en la figura del Abedul y por último, y la más hermosa, aquella que lo equipara con la gracia y el garbo de una mujer, aunque no sea bella…
Leyendo despojadamente el poemario de mi amigo Frank Ziccarelli, me atrevo a decir que, en el mismo, el poeta aborda las cuatro acepciones de garabato antes mencionadas (y seguramente muchas otras), toda vez que, aún refiriéndose de manera general e inicial en el título del libro a aquello que trazamos de forma irregular y sin sentido premeditado (bien sea con el lápiz o incluso con el cuerpo), en la lectura de los poemas percibimos fuertemente, cómo este hombre con gran destreza y oficio (tal vez por su trato íntimo con el hierro y el metal) es capaz de hundir con los ojos cerrados pero con mano firme y viril, los garabatos de hierro y aperos de pesca en el pozo de las imágenes de su inconsciente para asirlas, agarrarlas, traerlas a la superficie y así colgarlas en nuestra mirada, a veces con la apostura de un abedul pescador de vientos, o de manera conmovedora…como siguiéndole el paso a una bella mujer.
Tal vez el que escucha el inicio de esta presentación pensará que estoy catalogando al poeta como un poeta surrealista. Incluso, a lo mejor, corro el riesgo de que Frank se ponga bravo conmigo, pues hoy en día algunos poetas se molestan cuando se sugiere alguna relación de su trabajo literario con el surrealismo (por supuesto con ese surrealismo de simple postura o cliché gastado, teórico, ya académico)
Sin embargo, como decía Odiseo Elytis, todo buen poeta en principio es surrealista, y citamos textualmente, “con el surrealismo construimos algo distinto, que dista mucho de su teoría inicial, algo único y que presenta por lo mismo un interés especial. Desafortunadamente, no fue enfrentado nunca de esta manera por los críticos, ni comprendido por los más jóvenes, que se expresan con ironía del surrealismo, porque no conocen de él sino y solamente lo que enseñan las enciclopedias, es decir, la escritura automática, la imagen extravagante y su recurso al onirismo…”
Ese plus, ese construir afanosa y pacientemente pero con pureza y vigilia es, a mi sentir, exactamente lo que hace este poeta pescador. No se trata entonces de un simple ejercicio de asociación automática de imágenes inconscientes, sino de un arduo así como esplendoroso trabajo en los amplios espacios que supone un altamar cósmico, para velar y buscar las imágenes más autenticas. Luego, con las virtudes del hierro y la destreza de la mano sabia y curtida por el tiempo (también cósmico), pescarlas de manera indemne, sin matarlas o destruirlas, dejándolas con todo su brillo, con toda su frescura siempre viva, o mejor aún para dotarlas esta vez de una nueva y vigorosa vida.
Obviamente este oficio de velar (y de develar) en el medio de ese bosque oceánico (y como dijimos cósmico) para presenciar la aparición de las imágenes más llamativas y brillantes, entre las sombras esperanzadoras de las madrugadas, implica irremediablemente la presencia inminente de la luz, luz de lámpara encendida en medio de la noche-madrugada mientras aún se encuentran indiferenciados el cielo y la tierra, y en donde encontramos nuevamente los oficios del hierro, bien como instrumento escudriñador de la tierra a través de una escardilla, o bien como ese hierro que irradia la luz para escudriñar el cielo.
He aquí, en este poema de mi amigo Frank, cómo se despliega literalmente ante nuestros ojos esta nueva y dinámica realidad: “El pionero del garabato, no fue el que inventó la escardilla. En la negra noche, no vio la hendidura paralela, el que la lámpara encendió, en fuga. El que inventó la máquina iluminadora, despertó el surco insignia, develador de un diezmo, de la prístina flor del bosque. A los ojos del madrugador, abra tierra a los cielos despejados. Que la semilla desate su sombra”.
Aquí vemos pues, cómo con trazos espontáneos, sin premeditación alguna y con la frescura de un garabato magistralmente descrito y ejecutado, el poeta nos habla al mismo tiempo de los hierros de pesca, de aquella fortaleza que nos permite escudriñar y atrapar lo que vemos en el fondo pero, como dijimos, diestramente, con la finura innata que nos otorga la paciencia de los pescadores o del árbol… ese abedul arraigado en la tierra pero también nocturno pescador de vientos y de cielos.
Ya para seguir la secuencia de estos sentires, a la cuarta gracia que posee la palabra garabato, es decir la gracia de una mujer (las mujeres siempre son bellas), y que en este caso se convierte en la pescadora de nuestra mirada más interna y secreta, la encontramos cuando la palabra se posa en el ala izquierda de la rosa…cuando en silencio se desplaza por la Vía Láctea, “en la cresta del colibrí, y en íntimo rocío retorna al cuerpo curtido, al trazo…o también cuando él la evoca: ella así va, más allá con sus sueños, recogiendo las palabras, escritas con premura…tantas veces la he visto como la misma tierra incomprensible…los ojos de vida penetran el recuerdo de mi Columba cuando se fue, envuelta en su luz…y finamente cuando se entrega a ella en un beso, un orgasmo, un dejarse ir en la pausa, fundido, volver sin añadiduras al cuerpo flotando…”
Pero tal vez la más extraordinaria y casual de las fusiones de las distintas acepciones y significados de la palabra garabato que nos regala el poeta, está en el poema Urkía. Aquí vuelven a aparecer como peces insistentes en el fondo de la red, la mujer, el hierro (esta vez en forma de yunque), el árbol y por supuesto la luz. Urkía, quien era la mujer del cacique Guaicapuro, es invocada por el poeta: Eres zaeta que se hunde en el laberinto de la cascada violeta. Que deshaces la yunta del fuego traidor. Urkía. Madre. Sumo en la tierra de los huesos retoñados, que cruza la historia esparciendo cenizas al vuelo de la luz. Que amaina la tempestad iracunda…Aquí no debemos olvidar la advocación arbórea de las divinidades femeninas en las mitologías de nuestros indígenas, hecho que, de manera impresionante, se une con los mitos vascos que le dan también el nombre de Urkía al árbol Abedul, significando la esencia y la presencia determinante de las fuerzas femeninas en la naturaleza.
Por otra parte, no puedo dejar de lado, al comentar las imágenes del poeta, la presencia compartida de su perro. Al igual que él, yo también pienso que mi perro es la prolongación de mi mismo, de mis propios sueños y de los retornos de luz cada mañana. A mi perro tampoco las ranas le perturban el resplandor de su ladrido…
A todo ello, a lo que hemos dicho, hemos también de agregar la cadencia personal del poeta, su tono (como él mismo dice) lleno de Karibe, de noche de mar y de luz de madrugada, su mañana de tamarindo, colgado a la longevidad, a ese Corpus Áurico de Armando Reverón en donde la arena blanquísima dibuja sus ojos en la rada…y reflota, su fulgurante recorrido que se balancea entre el garabato y el boceto, el retrato, la mascarilla y la sombra.
Al final del poemario encontraremos para nuestra sorpresa otro poemario distinto pero igual, lleno de imágenes pero esta vez más sosegadas, más reposadas, especie de haikus karibeños. Aun así, volveremos a ver nuevamente y por última vez a King (el perro de Frank) haciendo a su vez unos garabatos y subiéndose triunfador a un autobús con las pestañas quemadas y los garabatos de Ziccarelli en la boca.
No es pues, para terminar, esta poesía una poesía que se pueda catalogar o poner en canon alguno establecido. En todo caso si pertenece a algún canon, será con certeza a ese canon secreto, oculto que sólo algunos poetas conocemos. Bien nos dijo el poeta en su poema titulado Dijo el poeta: “Un canon embotellado no es sólo un empaque inteligente, aprendizaje de vida en lo infinito. No señor, es fuego lamiendo fuego…”
Edgar Vidaurre
domingo, 6 de junio de 2010
Maribel Proietti encuentra a Manuelita en este siglo

Por Carmen Cristina Wolf
Con entusiasmo recibo de manos de su autora, el manuscrito del poemario Buscando a Manuelita en este siglo, de Maribel Proietti. Es una osadía poética muy femenina seguir las huellas de Manuela Sáenz, una mujer reconocida como heroína de la Independencia del Ecuador, Colombia y Perú. Importantes historiadores y biógrafos la consideran un ejemplo de inteligencia, valor y tenacidad. Destacada patriota ecuatoriana, despertó el interés y la pasión de Simón Bolívar, transformándose en su amante. En su época fue severamente criticada por enfrentarse a las costumbres de una sociedad que consideraba a las mujeres como seres inferiores, que sólo debían dedicarse a las labores del hogar, sin derechos políticos, sujetas al yugo de sus padres, hermanos y maridos. Manuela llegó a ejercer influencia política y colaboró siempre con la causa de Bolívar, lo cual consta en las cartas escritas por ambos y en las consideraciones de los biógrafos más reputados. Ello le valió el exilio y el destierro. Durante décadas, influyentes intelectuales e historiadores omitieron el papel que jugó Manuelita en la gesta libertadora, hasta que en la primera mitad del siglo XX, comenzó a otorgársele la preponderancia que merece. Para los movimientos feministas en un icono, una verdadera leyenda.
Con su estilo audaz y conciso, Maribel Proietti escribe:
Buscando a Manuelita
Mujer fastidiosa
convierte su piel
en hombre
no colocarlo
en jaula
comparte
la cama
como
otras
apasionada inútil
sobras
de
otros
platos
lucha
lucha
por la revolución
de su amante…
Esperamos que pronto salga a la luz la publicación de este libro, Buscando a Manuelita en este siglo, que nuevamente pone de manifiesto los cambios históricos de un gran amor unido al profundo anhelo de libertad individual y social. Manuela es un ejemplo a seguir para los pueblos oprimidos. Gracias Maribel, por estos poemas que será un placer para los lectores.
Caracas, Junio de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
TERRUÑO, poema de Bella Clara Ventura

TERRUÑO
Ya la ira de los cielos
nos llevó al diluvio.
Quiso enseñarnos
el respeto entre semejantes
y la elevación de las especies
en brillos de rutas a su alcance.
Esta vez ni agua
para navegar hallaremos.
Las brújulas sin nortes,
bitácoras en olvido.
La humedad sólo cubrirá alguna mejilla
extraviada entre chamizos.
Encallados los sueños
se vestirán de luto.
Y un solo hombre que quede
clamando conciencia
será la respuesta al desastre universal
que boga hacia la orilla humana.
Es tiempo de despertar,
de hacer de la palabra
la acción de paz
y del verso el canto del alma,
música del llanto,
un réquiem a la muerte.
¿Hasta cuándo?
el ser en su carrera armamentista,
de inconsciencias henchido
nos lleva a recordar a Noé,
presente en cada escape de nuestra vida
cuando encaminamos
el timón hacia el desvío.
Bella Clara Ventura, poeta, novelista y ensayista colombiana, con una extensa obra publicada y reconocimientos nacionales e internacionales
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