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lunes, 5 de julio de 2010


La última muerte de Simóneltriste
por Carmen Cristina Wolf
Septiembre 2006

¡Paz, paz! No está muerto ni duerme.
Ya despertó del sueño de la vida.
Somos nosotros los que perdidos en visiones
turbulentas reñimos con fantasmas
una inútil batalla y en trance de locura
apuñalamos con la daga del espíritu
invulnerables nadas.
P. B. Shelley, Adonais,
fragmento del poema XXXIX

Desgarradora La última muerte de Simón el triste, novela de Eduardo Casanova publicada en Caracas por la editorial Actum 2005. Venezuela es un país donde desde hace décadas apenas existe crítica literaria, y duele la ausencia de un análisis profundo de esta novela, que en otros países sería objeto de amplios estudios, tanto por la singular interpretación histórica de su autor como por la atrayente escritura y la compleja yuxtaposición de los tiempos que sorprende al lector.

Casanova es un novelista venezolano con oficio de larga data. Entre sus obras más conocidas se encuentran Los Caballos de la cólera, La agonía del Macho Luna, Hacia la noche, Las alegres campanas de la muerte, la tetralogía Cuarteto en Sol, y El solo de saxofón. Recientemente publicó un ensayo dedicado a la vida y obra del Libertador. Por su obra narrativa le fue otorgado el Premio Guillermo Meneses en el año 2000.

Esta novela nos enfrenta a los últimos instantes en la vida del Libertador Simón Bolívar. Narra también pasajes de su niñez y adolescencia, el inmenso amor que profesó a su esposa María Teresa, su aprendizaje con el maestro Don Simón Rodríguez, viajes, amores y amoríos, batallas, derrotas, duelos, culpas, fantasmas de la memoria. Todo ello escrito con descarnada crudeza y vehemencia, no a la manera de los historiadores o de los fanáticos, sino a modo de puñal que desgarra las apariencias peripuestas del discurso oficial.

Conmueve el trasluz poético de algunos de sus párrafos, como el que sigue:

... noche noche llena de metáforas incestuosas y de falsas armonías que se convierten en trébol cuando florece la lluvia noche noche vacía de palabras blandas y perdones pronunciados como cualquier otro rito (...). Así es la palabra de Casanova en esta novela, vacía de blanduras y de monsergas salvadoras.

En su agonía, Bolívar siente la presencia de un hombre ¿idéntico a él, frágil? Y sin embargo inspira miedo. Como en un mal sueño, trata de hablar con él y no puede, permanece inmóvil y siente como si el aire fuera "agua salada de mortaja": (...) Simón, yo soy tu muerte, he estado contigo desde el mismo día en que naciste (...) estuve contigo cuando tus primeras muertes.

El diálogo con su yo revela la densidad del pensamiento filosófico de Eduardo Casanova, sus reflexiones sobre el ser y el existir, la nada reflexiva y el Todo, inabarcable y siempre enigmático. Simón el triste hace un recuento del fracaso de sus sueños: ¡cómo saldré de este opaco laberinto! Siento que me envuelven espirales de colores dibujados por las manos de la muerte mientras cantan una fúnebre tonada las almas de los que creyeron en mis ojos y me ha abandonado mi cuerpo me ha abandonado fracasé me equivoqué desde el primer momento mi vida ha sido un fracaso total (...). Esta confesión desgarradora traspasa las épocas y cae en saco roto su reclamo a las recientes generaciones de gobernantes, líderes y grupos de poder:

... se aprovecharán de mi nombre para saciar sus pequeñas ambiciones y seguir engañando a los miserables mi nombre mi gloria malditos sean mi nombre y mi gloria que sólo han servido para que otros medren (...)

Casanova narra fragmentos de los primeros años de Bolívar, parece como si fueran recuerdos del enfermo en duermevela mezclados con lo que pudo haber sido la realidad: Todo el mundo había sentido la presencia de la muerte, de la negra nube que se acercaba y se alejaba de los ojos tristes del general, Simón el triste, convertido en su propia sombra llena de arrugas y de lágrimas contenidas. El 24 de julio cumplió 47 años de vida, y nadie se acordó de la fecha. (...) La última compañera pisotea toda vanidad, todo combate ganado o perdido. La vida, hecha de fugacidades en perpetuo instante de la extrañeza, no lleva camino cierto. Camino somos cada uno de nosotros, que nos vamos haciendo en la medida de nuestros tropiezos, aciertos y caídas.



La novela de Eduardo Casanova atrae como fuente insondable y conmueve mi ser. No se puede permanecer indiferente a la narración, no se puede dejar de reflexionar acerca de nuestras acciones, omisiones, bondades y egoísmos. Y se siente la exquisita angustia ante la muerte:

Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida
cómo se viene la muerte
tan callando. (...)
Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre

Así, Bolívar solo y postrado entre sus dolores y fantasmas, ¡cuánto añoraría la despedida de este mundo a pesar del temor a lo abismal. A cada ser humano que agoniza cuánto nos gustaría decirle los versos del Adonais de Shelley: ¡Paz, paz! No está muerto ni duerme. / Ya despertó del sueño de la vida. Quisiéramos desesperadamente no pensar en las palabras que pronuncia Hamlet en la escena IV:

... Quién podrá tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida incómoda, si no fuese por el temor de que exista alguna cosa más allá de la muerte, aquél país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna (...)

Somos la nada que interroga y luchamos cada día, cada hora, cada segundo por olvidarlo. Somos presencia en un viaje hecho de fugacidades viviendo en perpetuo instante de extrañeza. Somos nada preñada de ser. Así me gusta creerlo. Así lo creo.

Ahora deseo liberar al espíritu de su prisión de sueños con este pasaje de la novela de Eduardo Casanova:

... Dios se hizo hombre, se encarnó en Cristo y es todos nosotros. Todos nosotros somos Dios. Todos somos Dios. La paz invadió las facciones del moribundo. (...)

Si ya no se encuentra respuesta ante la pregunta de la muerte, sólo queda decir ¡Oh feliz muerte!

Gracias a Eduardo Casanova por esta novela admirable

miércoles, 30 de junio de 2010

Frank Ziccarelli y su poemario Garabatos

Por Edgar Vidaurre

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “Garabato” como: Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. También lo define como aquellos Garfios de hierro que sujetos al extremo de una cuerda sirven para sacar objetos caídos en un pozo, o como el Instrumento de hierro cuya punta forma un semicírculo y que sirve para tener colgado algo, o para asirlo o agarrarlo. Igualmente conocemos la advocación de garabato como la representación arbórea de lo duradero y permanente pero al mismo tiempo suave y fresco en la figura del Abedul y por último, y la más hermosa, aquella que lo equipara con la gracia y el garbo de una mujer, aunque no sea bella…

Leyendo despojadamente el poemario de mi amigo Frank Ziccarelli, me atrevo a decir que, en el mismo, el poeta aborda las cuatro acepciones de garabato antes mencionadas (y seguramente muchas otras), toda vez que, aún refiriéndose de manera general e inicial en el título del libro a aquello que trazamos de forma irregular y sin sentido premeditado (bien sea con el lápiz o incluso con el cuerpo), en la lectura de los poemas percibimos fuertemente, cómo este hombre con gran destreza y oficio (tal vez por su trato íntimo con el hierro y el metal) es capaz de hundir con los ojos cerrados pero con mano firme y viril, los garabatos de hierro y aperos de pesca en el pozo de las imágenes de su inconsciente para asirlas, agarrarlas, traerlas a la superficie y así colgarlas en nuestra mirada, a veces con la apostura de un abedul pescador de vientos, o de manera conmovedora…como siguiéndole el paso a una bella mujer.

Tal vez el que escucha el inicio de esta presentación pensará que estoy catalogando al poeta como un poeta surrealista. Incluso, a lo mejor, corro el riesgo de que Frank se ponga bravo conmigo, pues hoy en día algunos poetas se molestan cuando se sugiere alguna relación de su trabajo literario con el surrealismo (por supuesto con ese surrealismo de simple postura o cliché gastado, teórico, ya académico)

Sin embargo, como decía Odiseo Elytis, todo buen poeta en principio es surrealista, y citamos textualmente, “con el surrealismo construimos algo distinto, que dista mucho de su teoría inicial, algo único y que presenta por lo mismo un interés especial. Desafortunadamente, no fue enfrentado nunca de esta manera por los críticos, ni comprendido por los más jóvenes, que se expresan con ironía del surrealismo, porque no conocen de él sino y solamente lo que enseñan las enciclopedias, es decir, la escritura automática, la imagen extravagante y su recurso al onirismo…”

Ese plus, ese construir afanosa y pacientemente pero con pureza y vigilia es, a mi sentir, exactamente lo que hace este poeta pescador. No se trata entonces de un simple ejercicio de asociación automática de imágenes inconscientes, sino de un arduo así como esplendoroso trabajo en los amplios espacios que supone un altamar cósmico, para velar y buscar las imágenes más autenticas. Luego, con las virtudes del hierro y la destreza de la mano sabia y curtida por el tiempo (también cósmico), pescarlas de manera indemne, sin matarlas o destruirlas, dejándolas con todo su brillo, con toda su frescura siempre viva, o mejor aún para dotarlas esta vez de una nueva y vigorosa vida.

Obviamente este oficio de velar (y de develar) en el medio de ese bosque oceánico (y como dijimos cósmico) para presenciar la aparición de las imágenes más llamativas y brillantes, entre las sombras esperanzadoras de las madrugadas, implica irremediablemente la presencia inminente de la luz, luz de lámpara encendida en medio de la noche-madrugada mientras aún se encuentran indiferenciados el cielo y la tierra, y en donde encontramos nuevamente los oficios del hierro, bien como instrumento escudriñador de la tierra a través de una escardilla, o bien como ese hierro que irradia la luz para escudriñar el cielo.

He aquí, en este poema de mi amigo Frank, cómo se despliega literalmente ante nuestros ojos esta nueva y dinámica realidad: “El pionero del garabato, no fue el que inventó la escardilla. En la negra noche, no vio la hendidura paralela, el que la lámpara encendió, en fuga. El que inventó la máquina iluminadora, despertó el surco insignia, develador de un diezmo, de la prístina flor del bosque. A los ojos del madrugador, abra tierra a los cielos despejados. Que la semilla desate su sombra”.

Aquí vemos pues, cómo con trazos espontáneos, sin premeditación alguna y con la frescura de un garabato magistralmente descrito y ejecutado, el poeta nos habla al mismo tiempo de los hierros de pesca, de aquella fortaleza que nos permite escudriñar y atrapar lo que vemos en el fondo pero, como dijimos, diestramente, con la finura innata que nos otorga la paciencia de los pescadores o del árbol… ese abedul arraigado en la tierra pero también nocturno pescador de vientos y de cielos.

Ya para seguir la secuencia de estos sentires, a la cuarta gracia que posee la palabra garabato, es decir la gracia de una mujer (las mujeres siempre son bellas), y que en este caso se convierte en la pescadora de nuestra mirada más interna y secreta, la encontramos cuando la palabra se posa en el ala izquierda de la rosa…cuando en silencio se desplaza por la Vía Láctea, “en la cresta del colibrí, y en íntimo rocío retorna al cuerpo curtido, al trazo…o también cuando él la evoca: ella así va, más allá con sus sueños, recogiendo las palabras, escritas con premura…tantas veces la he visto como la misma tierra incomprensible…los ojos de vida penetran el recuerdo de mi Columba cuando se fue, envuelta en su luz…y finamente cuando se entrega a ella en un beso, un orgasmo, un dejarse ir en la pausa, fundido, volver sin añadiduras al cuerpo flotando…”

Pero tal vez la más extraordinaria y casual de las fusiones de las distintas acepciones y significados de la palabra garabato que nos regala el poeta, está en el poema Urkía. Aquí vuelven a aparecer como peces insistentes en el fondo de la red, la mujer, el hierro (esta vez en forma de yunque), el árbol y por supuesto la luz. Urkía, quien era la mujer del cacique Guaicapuro, es invocada por el poeta: Eres zaeta que se hunde en el laberinto de la cascada violeta. Que deshaces la yunta del fuego traidor. Urkía. Madre. Sumo en la tierra de los huesos retoñados, que cruza la historia esparciendo cenizas al vuelo de la luz. Que amaina la tempestad iracunda…Aquí no debemos olvidar la advocación arbórea de las divinidades femeninas en las mitologías de nuestros indígenas, hecho que, de manera impresionante, se une con los mitos vascos que le dan también el nombre de Urkía al árbol Abedul, significando la esencia y la presencia determinante de las fuerzas femeninas en la naturaleza.

Por otra parte, no puedo dejar de lado, al comentar las imágenes del poeta, la presencia compartida de su perro. Al igual que él, yo también pienso que mi perro es la prolongación de mi mismo, de mis propios sueños y de los retornos de luz cada mañana. A mi perro tampoco las ranas le perturban el resplandor de su ladrido…

A todo ello, a lo que hemos dicho, hemos también de agregar la cadencia personal del poeta, su tono (como él mismo dice) lleno de Karibe, de noche de mar y de luz de madrugada, su mañana de tamarindo, colgado a la longevidad, a ese Corpus Áurico de Armando Reverón en donde la arena blanquísima dibuja sus ojos en la rada…y reflota, su fulgurante recorrido que se balancea entre el garabato y el boceto, el retrato, la mascarilla y la sombra.

Al final del poemario encontraremos para nuestra sorpresa otro poemario distinto pero igual, lleno de imágenes pero esta vez más sosegadas, más reposadas, especie de haikus karibeños. Aun así, volveremos a ver nuevamente y por última vez a King (el perro de Frank) haciendo a su vez unos garabatos y subiéndose triunfador a un autobús con las pestañas quemadas y los garabatos de Ziccarelli en la boca.

No es pues, para terminar, esta poesía una poesía que se pueda catalogar o poner en canon alguno establecido. En todo caso si pertenece a algún canon, será con certeza a ese canon secreto, oculto que sólo algunos poetas conocemos. Bien nos dijo el poeta en su poema titulado Dijo el poeta: “Un canon embotellado no es sólo un empaque inteligente, aprendizaje de vida en lo infinito. No señor, es fuego lamiendo fuego…”

Edgar Vidaurre

domingo, 6 de junio de 2010

Maribel Proietti encuentra a Manuelita en este siglo



Por Carmen Cristina Wolf

Con entusiasmo recibo de manos de su autora, el manuscrito del poemario Buscando a Manuelita en este siglo, de Maribel Proietti. Es una osadía poética muy femenina seguir las huellas de Manuela Sáenz, una mujer reconocida como heroína de la Independencia del Ecuador, Colombia y Perú. Importantes historiadores y biógrafos la consideran un ejemplo de inteligencia, valor y tenacidad. Destacada patriota ecuatoriana, despertó el interés y la pasión de Simón Bolívar, transformándose en su amante. En su época fue severamente criticada por enfrentarse a las costumbres de una sociedad que consideraba a las mujeres como seres inferiores, que sólo debían dedicarse a las labores del hogar, sin derechos políticos, sujetas al yugo de sus padres, hermanos y maridos. Manuela llegó a ejercer influencia política y colaboró siempre con la causa de Bolívar, lo cual consta en las cartas escritas por ambos y en las consideraciones de los biógrafos más reputados. Ello le valió el exilio y el destierro. Durante décadas, influyentes intelectuales e historiadores omitieron el papel que jugó Manuelita en la gesta libertadora, hasta que en la primera mitad del siglo XX, comenzó a otorgársele la preponderancia que merece. Para los movimientos feministas en un icono, una verdadera leyenda.

Con su estilo audaz y conciso, Maribel Proietti escribe:

Buscando a Manuelita
Mujer fastidiosa
convierte su piel
en hombre

no colocarlo
en jaula

comparte
la cama
como
otras
apasionada inútil

sobras
de
otros
platos

lucha
lucha
por la revolución
de su amante
…

Esperamos que pronto salga a la luz la publicación de este libro, Buscando a Manuelita en este siglo, que nuevamente pone de manifiesto los cambios históricos de un gran amor unido al profundo anhelo de libertad individual y social. Manuela es un ejemplo a seguir para los pueblos oprimidos. Gracias Maribel, por estos poemas que será un placer para los lectores.

Caracas, Junio de 2010

jueves, 6 de mayo de 2010

TERRUÑO, poema de Bella Clara Ventura




TERRUÑO


Ya la ira de los cielos

nos llevó al diluvio.

Quiso enseñarnos

el respeto entre semejantes

y la elevación de las especies

en brillos de rutas a su alcance.

Esta vez ni agua

para navegar hallaremos.

Las brújulas sin nortes,

bitácoras en olvido.

La humedad sólo cubrirá alguna mejilla

extraviada entre chamizos.

Encallados los sueños

se vestirán de luto.

Y un solo hombre que quede

clamando conciencia

será la respuesta al desastre universal

que boga hacia la orilla humana.

Es tiempo de despertar,

de hacer de la palabra

la acción de paz

y del verso el canto del alma,

música del llanto,

un réquiem a la muerte.

¿Hasta cuándo?

el ser en su carrera armamentista,

de inconsciencias henchido

nos lleva a recordar a Noé,

presente en cada escape de nuestra vida

cuando encaminamos

el timón hacia el desvío.


Bella Clara Ventura, poeta, novelista y ensayista colombiana, con una extensa obra publicada y reconocimientos nacionales e internacionales

jueves, 15 de abril de 2010

UN POEMA DE ELEAZAR LEÓN



El 29 de abril se rendirá un homenaje al desaparecido escritor Eleazar León, en la Sala Cabrujas de Caracas, Centro de Cultura Chacao, a las 6 de la tarde. En memoria de este admirado poeta venezolano, nacido en Caracas en 1946, publicamos un poema de su autoría:


HECHIZO
En el aprendizaje de las pérdidas, conocí el amor
a los nueve años, las manos mínimas de ofrendas que
comprendí como la belleza, esa luna extraña.
Ella mordía mandarinas en el fervor del atardecer.
(Las clinejas le tejen un asombro de niña con su boca
en los años.
Yo la sentía como una música de caricia de fiebre
y mientras me alejaba ya no sabía de mi cuerpo, que
seguía con ella sin entender las despedidas, el adiós
que los días le imponen a la inocencia.
Al otro día la misma espera.
Ardía, la inminencia de su llegada me hacía temblar.
Era el asombro y el desamparo, el hechizo y su ausencia.
Esa luz me tocó y no me abandona.
Aprendí sin olvido que es en el eco de otro pecho donde
se agranda tu corazón.

Poema de Reverencial, Monte Avila Editores 1992


El poeta José Jesús Villa Pelayo escribe en su blog Poetas Venezolanos:

"Siempre recordaremos a Eleazar León por su valentía, su coraje, su ausencia de temor a la hora de decir lo que pensaba, lo que sentía. Siempre estuvo del lado de las verdades y de las resonancias, de la integridad.

Su voz profunda, atildada, fina, cromática, invocaba la poesía; indefectiblemente habitada por sus ecos. En él (y en su palabra) siempre algún verso, algún poema; podía recitar muchos de memoria, porque convivía, abierta y deliberadamente, con el hecho poético, con los habitantes de la poesía. Era uno de esos habitantes habituales, fugaces, como todos. Su poesía era una hábil y sagaz mezcla de sabiduría, percepciones, imágenes cotidianas pero universales, emociones, amor, sobre todo aquel que no se encuentra con frecuencia, ése que ansían y ofrecen los trovadores ante las inaccesibles damas de los castillos imposibles y sus cortes. Observador atento del mundo y sus objetos. "

sábado, 13 de marzo de 2010

POEMAS DE HEBERTO PADILLA, UN POETA QUE DIJO LA VERDAD


En homenaje a los presos y perseguidos políticos de los regímenes totalitarios actuales, he elegido unos poemas del escritor y periodista cubano Heberto Padilla, quien fue víctima de persecución y encarcelamiento junto con su esposa y tuvo que emigrar a los Estados Unidos. Ambos fueron acusados por el Departamento de Seguridad del Estado de “actividades subversivas” contra el gobierno. Su encarcelamiento provocó una reacción en todo el mundo, con las consiguientes protestas de conocidísimos intelectuales entre los que figuraban Simone de Beauvoir, Margarite Duras, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Alberto Moravia, Octavio Paz, Juan Rulfo, Jean-Paul Sartre, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa y muchos otros. Después de 38 días de reclusión en Villa Marista, Padilla leyó en la Unión de Escritores su famosa Autocrítica. Su esposa logró salir con su hijo pequeño hacia Estados Unidos en 1979, y al año siguiente, gracias a la presión internacional, permitió a Padilla viajar también a ese país. Llegó a Nueva York, vía Montreal, el 16 de marzo de 1980. Como testimonian su esposa y el escritor Guillermo Cabrera Infante esta experiencia y el exilio cambiaron a Padilla, que enfermó espiritualmente y nunca pudo reponerse del todo.

FUERA DEL JUEGO

A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia


¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Armstrong.

Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes,
La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
"pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí..."
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.

De "Fuera del juego" 1968

ESCRITO EN AMÉRICA

Ámalo, por favor, que es el herido
que redactaba tus proclamas,
el que esperas que llegue a cada huelga;
el que ahora mismo tal vez estén sacando de una casa a bofetadas,
el que andan siempre buscando en todas partes
como a un canalla

Heberto Padilla estudió periodismo en la Universidad de la Habana y humanidades y lenguas en el extranjero. Hablaba francés, inglés, alemán, ruso, italiano y griego. Fue corresponsal de Prensa Latina en Nueva York (1959) y la Unión Soviética (1962-1964), así como comentarista radial en Miami, ciudad en la que se desempeñó también como profe­sor de inglés (1956-1959). En 1959 se va Nueva York para trabajar como profesor y traductor de las Escuelas Berlitz, pero el mismo año regresó a Cuba para formar parte del periódico Revolución. Colaboró en la revista Unión, fue director de Cubartimpex, organismo encargado de seleccionar libros extranjeros (1964), representó al ministerio de Comercio Exterior en los países socialistas y escandinavos y regresó a Cuba en 1966, ya con una visión crítica del régimen que imperaba en su país.

Ese mismo año se convirtió en centro de una polémica cultural en las páginas de Juventud Rebelde, a pesar de lo cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Fuera del juego, lo que motivó las protestas de la Unión de Escritores ya que el libro era considerado contrarrevolucionario. En 1967 comienza a trabajar en la Universidad de La Habana hasta que el 20 de marzo de 1971 es detenido a raíz del recital de poesía dado en la Unión de Escritores, donde leyó Provocaciones. Padilla fue arrestado junto con la poetisa Belkis Cuza Malé, su esposa desde 1967.

Carmen Cristina Wolf

domingo, 28 de febrero de 2010

Novela de Eduardo Casanova entre las finalistas del Premio de Literatura Arturo Úslar Pietri

El joven escritor venezolano radicado en Madrid, Eduardo Sánchez, ganó el Premio de Literatura Arturo Uslar Pietri con la novela Blue Label, según dio a conocer el veredicto del jurado conformado por Jordi Carrión, Francisca Noguerol, Carlos Pacheco, María del Pilar Puig y Miguel Gomes.
Pacheco, presidente del jurado, fue quien le dio la noticia al feliz ganador, quien manifestó estar pasando por una dura situación económica, razón por la cual 25 mil dólares le caen muy bien.
“¡Qué bueno, porque me estoy comiendo un cable!”, dijo el ganador al enterarse del fallo.

Se pudo conocer, que la discusión final se había concentrado en la novela de Sánchez y en La jaula de los tigres, pero que el jurado determinó darle el premio a Bule Label por cuestiones generacionales.El jurado destacó que entre las novelas finalistas están otra del mismo autor, Transilvania unplugged. Dos más, Anidonía, de un mexicano, y La jaula de los tigres, del caraqueño Eduardo Casanova Sucre. El escritor venezolano y editor Carlos Pacheco señaló que la novela de Casanova impresionó vivamente a todos los integrantes del jurado, pero, desafortunadamente, las bases del premio no permiten que se divida entre dos participantes

El ganador manifestó que estaba muy desengañado, escribiendo desde hace mucho tiempo sin ver los beneficios. “Sabía que quería dedicarme a la literatura, pero me harté de enviar mis obras a concursos internos de España sin ganar nada. Viéndolo en perspectiva, creo que así está mejor, porque el Premio Iberoamericano Arturo Uslar Pietri tendrá mucho más peso y será una puerta importante para mi carrera”.

Sánchez está a punto de terminar un máster en Estudios Literarios en la Universidad Complutense de Madrid. Tiene 32 años.